El derecho a la alimentación se colocó en el centro de la conversación digital con el hashtag #DerechosAlimentarios, una narrativa que dio cuenta de uno de los ejes prioritarios de la Cuarta Transformación y de la política social impulsada por la Presidenta: garantizar que la alimentación sea un derecho humano efectivo y no un privilegio condicionado por el ingreso.
A través de mensajes informativos, ciudadanos y de corte institucional, la conversación subrayó que la alimentación adecuada es una obligación del Estado y una condición indispensable para el bienestar, la salud y el desarrollo social. Las publicaciones a través de cuentas como 4T transparente destacaron que, por primera vez, este derecho se traduce en políticas públicas estructurales con enfoque de justicia social.
Entre las narrativas centrales se enfatizó la aprobación de la Ley General de la Alimentación Adecuada y Sostenible, que materializa el mandato del artículo 4º constitucional y establece que los alimentos deben ser suficientes, nutritivos, de calidad y producidos de manera sostenible. La ley fue presentada como un parteaguas para pasar del asistencialismo al ejercicio pleno de derechos.
Otro eje relevante fue la creación de Alimentación para el Bienestar, un nuevo modelo que vincula directamente a pequeños productores con las familias mexicanas, transformando las antiguas tiendas Diconsa en Tiendas del Bienestar. Esta política, destacaron los mensajes, reduce intermediarios, fortalece economías locales y garantiza precios más justos.
La conversación también retomó la importancia de la soberanía alimentaria, señalando que priorizar la producción nacional de granos básicos como maíz, frijol, arroz, trigo y leche permite reducir la dependencia de importaciones, asegurar el abasto y proteger a quienes trabajan la tierra. En este contexto, los precios de garantía fueron identificados como una herramienta clave para asegurar ingresos dignos a los pequeños productores.
Desde una perspectiva ciudadana, las publicaciones insistieron en que el derecho a la alimentación impacta directamente en la vida cotidiana: mejora la salud, fortalece el aprendizaje, reduce desigualdades y genera cohesión social. “Sin alimentos no hay bienestar ni futuro”, fue una de las ideas más reiteradas.
El mensaje central que atravesó la narrativa fue claro: alimentar a México es una responsabilidad del Estado, y la política de la Presidenta en el marco de la Cuarta Transformación asume este compromiso como parte de una visión integral de derechos humanos.
Con #DerechosAlimentarios, la conversación digital reflejó una demanda social y, al mismo tiempo, una política pública en marcha: derechos que se convierten en acciones y acciones que llegan a la mesa de las familias mexicanas.